viernes, 6 de mayo de 2011

De repente me fui del mundo
perdido en tu mirada inocente,
enredado en tu sonrisa.

Me viste tímida
y tu sonrisa
de nuevo me movió el mundo,
mientras buscaste en tu abuela
el refugio de sus brazos.

Me invitaste con tus ojos
a volver en el tiempo,
para jugar al escondite
detrás de un vaso,
inventar grandes montañas
en medio de los pasos adultos.

Antes de irte, al agitar tu manita,
me devolviste un suspiro
como queriendo dejarme el encanto
y seguir siendo niño.
¿Por qué no debería ser
cada día que te aleja
un motivo para llorarte?
Si la mañana trae esperanza
suficiente para esperar
la tarde;
si la tarde, antes de ser noche,
promete que al inicio
de la siguiente madrugada,
tendré las palabras
que rozan mi nombre
conjugado con el tuyo.

Entiendo una caricia de tus manos,
que me consuela;
recorriendo desde mis ojos
cada fibra que necesita tu toque,
rozando la vida.
Entiendo cada lágrima
como tu voz que se calla
pero dice mucho en silencio;
sin gestos, sin bulla,
de lejos, aun lo haces.
Hacer del llanto una caricia.
Me encontré con este fantasioso amanecer,
con esta idea de escribir algo más,
solo, recostado en un laberinto de pensamientos.

Vi por la ventana, delineado en la cortina,
envuelto en el humo que fue noche
y se transformó en madrugada,
ese personaje tan igual a mí.

Tal vez es la práctica de mi mente,
dije,
para amancillar los sueños futuristas
y galopar prendido de una ilusión
dejada a su suerte.

Quizá tan solo sea la costumbre de mi sombra,
pensé,
imitando los movimientos, vaivén de mi cuerpo,
que la noche abrigó y acogió
como siempre.

Al final, las palabras surgieron una tras otra
para repetir el eterno discurso de mi vida,
para decir un nuevo verso, lleno de melancolía,
para dibujar otro desvelo coronado de esperanza.

Nada más fue un instante,
sólo un momento eufórico
para descargar el frenesí
que nace con la mañana,
entusiasta, animoso,
optimista de cada día.

Fui ese personaje que promovió estas palabras,
el que dio vida a esa idea de escribir,
¿solo? quizá...

martes, 3 de mayo de 2011

Soterramos esperanzas
cubriéndolas hasta el cuello
con el mismo manto
que alguna vez destronó al frío;
disfrazamos los quejidos
de sumisos argumentos
que diciendo verdades
espantan por segundos, a veces,
la sombra irrefutable
e ineludible de una realidad
impuesta.

Somos independencia prisionera,
atada al arnés de marionetas
que construyen esas verdades
dichas en argumentos
efímeros y fugaces;
nada más que el residuo
de lo que sobra,
lo que nadie quiere para todos
y lo que todos quieren para nadie.

No importa si nos quedamos,
pero debemos irnos;
obligados por el caudal cotidiano
que nos empuja
hacia esa realidad impuesta.

Enaltecemos deseos
como utopías anheladas,
llenando de ojalás,
quisieras y si así fueras,
esos momentos para dar la mano,
para dar un paso,
un abrazo;
alabamos los caminos
que otros toman,
felicitando sus acciones
como intentando soportar
nuestras propias necesidades.

Nos convertimos en el reflejo intangible
de alguien más,
inaugurando la contrapropuesta senil
de las propias añoranzas;
llegamos a ser nuestro límite
sin siquiera notarlo,
por alcanzar absurdamente
los alardes arrogantes
y las glorias petulantes
endosadas a nuestro nombre.

Decidimos renunciar a los sueños
de nuestras almas,
para dejar que el ego triunfante
sea la cara que mostramos al mundo.

Decimos: "basta"
tantas veces como podemos,
tan solo por cumplir para afuera
lo que necesitamos por dentro.
Decimos: "quiero"
unas veces menos de lo que hacemos
y damos muerte a lo que no entendemos
para saber que el intento
es el absurdo que realmente
tenemos por meta.

Somos el uno y el otro a la vez,
uno que cumple,
otro que sueña,
uno que es,
otro que deja de ser;
el balance imperfecto
para ser perfecto en el mundo,
la opción que nos divide
para ser uno entre todos
y uno con todos.

jueves, 28 de abril de 2011

Anoche
aparecieron repentinos,
alardeando eternidad;
presentaron viejas ideas
con nuevas palabras.

Fue como golpe insurgente,
minimizando la paz
a pensamientos y promesas
para instaurar igualdad.

Antes
la certeza de los golpes fallaba
lanzando supuestos a los pies,
disimulaban derrotas en la mente
dando aliento al oponente ausente.

Era como batalla sin contrincante,
misiles teledirigidos sin objetivo;
titanes acechando el vacío
para encontrar siempre nada.

Anoche
los fantasmas durmieron
mi sueño;
descansaron mis fuerzas
haciendo suyo el tiempo.

Pasaba como si a diario
se les permitiera adueñarse
de cada segmento
del alma.

Ahora
aunque sea ficticio,
es fáctico el alarde
y remarca cicatrices
que no tuvieron herida.

Es residuo acumulado,
óxido de afecto;
el ataque a los pies
es costumbre que mata.

martes, 26 de abril de 2011

No soy solo noche, sombra,
tampoco distancia...
Soy luz, soy día, soy hoy...

Mañana desaparecerá
igual que ayer...
Soy luz, soy día, soy hoy...

Soy el mejor siendo nadie,
soy nadie si me creo el mejor...
Soy luz, soy día, soy hoy...

No soy solo silencio, espacio,
tampoco eternidad...
Soy voz, soy vida, soy hoy...

Humanidad diezmada
puesta en catacumba...
Soy voz, soy vida, soy hoy...

Soy libre más que nada,
soy nada intentando libertad...
soy voz, soy vida, soy hoy...

jueves, 14 de abril de 2011

Cientos de palabras colgadas
junto a la toalla húmeda,
ondeando cual bandera de luto
en pleno carnaval de recuerdos.
Palabras que no me hacen culpable,
tampoco inocente.

Solo giran sobre si
en el remolino del retrete,
mientras las primeras se van,
las siguientes se despiden
y las últimas se aferran
a la idea de quedarse.

Son las excusas propuestas,
las deseadas,
las que dirán,
tal vez a jalones,
una y otra vez algo que no soy;
las que me piden a cada paso.

Palabras que se encargan de ruar,
llamando atenciones subjetivas,
cotidianas, comunes;
en tanto mi inconsciente
que gime sollozando quien soy
lo olvida el olvido.

Van y vienen gimoteos de mi nombre,
buscando eso que la vista
nunca percibe,
lo que el oído ni atento
alcanza a escuchar;
vagidos que merecen toda atención.

Son mi carta de presentación,
mi única forma de vivir,
ser lo que hago
y hacer lo que soy;
son el silencio que digo
pero ni gritando se me escucha.

lunes, 11 de abril de 2011

Dar un paso más,
dejar atrás un delirio de grandeza
y convertirlo de proeza
a costumbre.

Dar vida a una memoria,
dejar atrás los sueños que la crearon
y convertirlos de ilusión
a presencia.

Logros, metas, triunfos,
solo sobrenombres dados,
aseveraciones materializadas
de un par de capacidades.

Dar voz a un secreto,
dejar atrás el silencio que lo protege
y convertirlo de supuesto
a consigna.

Perdida, fallo, fracaso,
tan solo excusas asignadas,
atributos despersonalizados
de la condición de humanos.

Al final es mentir con la verdad,
permitir que los pasos usen disfraz
y archivar un nombre más
detrás de la portada del siguiente "paso".

jueves, 7 de abril de 2011

Ojalá pudiera verme con tus ojos,
que sean ellos quienes susurren mi imagen
y dibujen cómo me ves,
para saber lo que sabes de mí
o tan solo para tener tu idea de mí.

Ojalá hayan sido esos ojos
los que me vieron la última vez,
para entender la mirada
con que me viste,
para aprenderme en tu vista.

¿Quién soy en tus ojos?
No es suficiente verme al espejo
para descubrir la silueta de mi alma,
esa forma en la que aparezco,
la forma con la que aparezco frente a ti.

Ojalá con tus ojos tuviera mis respuestas,
aquellas que no puedo verme,
estas soluciones que están en mí
pero sin inmunes a la mirada
de mis ojos ciegos.

Ojalá por un instante fueran míos tus ojos,
para verme parado en tu mundo
y conocer desde tus pasos
cada una de las cosas que me ves,
para aprender de mí, visto por ti.

martes, 5 de abril de 2011

Allí te había visto;
sin embargo en el viento
dejé escapar esa parte,
ese trozo de existencia
que daba vuelo a las palabras
y quitaba la aspereza
de los malos momentos.

Solo pasó el tiempo
mientras moría la voz,
en tanto cada sonido
desaparecía;
minutos enteros que callaron
una verdad expulsada
del corazón.

Las cosas son a tu manera,
silencio eterno, infinito;
nada cambia después de ti,
silencio efímero, fugaz.

Te vi venir y no dije nada,
sentí tus pasos sigilosos
persiguiendo los sueños
que grité mil veces,
sentí tus fuertes brazos
apretando las ilusiones
mientras robabas existencia.

Fueron días
enmudeciendo también los gestos,
hasta dejarlos vacíos de ganas;
amarrando esos últimos pasos
que oponían resistencia
tratando de hablar
a una mentira.


Tus manos mantienen el pulso,
silencio arrogante, orgulloso;
marcas tu único camino,
silencio insensible, egoísta.