Me lo digo todos los días, lo repito una, dos, mil veces y aunque lo se, no creo saberlo.
Lo invento todos los días, lo veo de arriba, abajo, cerca, lejos y aunque lo logre, no creo lograrlo.
Lo escondo todos los días, lo pongo aquí, allá, en todos lados y aunque lo haga, no creo hacerlo.
Lo destruyo todos los días, lo elimino, lo borro, lo desecho y aunque desaparezca, creo que se convierte en culpa.